martes, 28 de julio de 2015

Isidro y Tierra

Una brisa helada que atravesaba lo plano de las tierras, tan solo unos ojos opacos servían de luna, un cielo limpio y flamante era el percusor del frió, la tierra como soporte de millones de palabras que palpaban un sin fin de sueños de carne, con sabor a cobre y cuero, unas miradas que conectaban ideas fantasiosas y reales como la vida misma, una química que cosía sus atracciones con el parafraseo pintado por humo y café amargo...
Una saliva sin probar se posaba frente a mi, en cautiverio mi pecho se encerraba en un camisón corinto, y las piernas cobijadas por un pantalón cobalto, queriendo mandar las telas que me cubrían al abismo del frió, o por que no al lado de las de el...
queriendo devorarlo a labios, y besos perniciosos, como me gustaría verte de nuevo y pronunciar todo esto con las legiones de piel, y  recrear poesía que se ha escrito en diálogos, una poesía del tacto y cercanía, comestible y entrañable, luchadora y vencedora así como la homilía con la que empezó todo (...)



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